Desorientada. Es lo único que puedo decir al ver como la Corte Constitucional reiteró que las parejas conformadas por personas del mismo sexo sí constituyen familia.
Y es que la Corte, que se ha atribuido el rol de ser "la conciencia del pueblo", tomando decisiones que no tienen nada que ver con sus funciones, ahora ha decidido modificar totalmente el concepto de familia.
Vamos por partes. ¿Qué es familia? Para Tomás Melendo, Doctor en Ciencias de la Educación y Doctor en Filosofía, en su libro "Familia, ¡sé lo que eres!", la familia es la unión de un hombre y una mujer esposos. Por otro lado, las ciencias humanas definen a la familia como una comunidad en donde el amor de los padres (hombre y mujer) hacia sus hijos no está condicionado por nada ni por nadie y esta valoración es la que genera salud y bienestar personal y social. La familia es en la práctica el único ámbito en el que el ser humano vale por lo que es, no por lo que tiene, y esta es una profunda necesidad antropológica.
Ahora bien, estas definiciones no se basan únicamente en lo teórico. Es necesario reconocer, como lo afirma Cristian Conen en su libro "Ecología humana, hacia una cultura personalista basada en la perspectiva de la familia", "que la familia matrimonial es la piedra angular de la sociedad (en donde) nos hacemos responsables del amor a nuestros conyugues e hijos". Otra más: de acuerdo con el documento "Matrimonio y bien común. Los diez principios de Princeton", producto del debate y análisis de más de52 especialistas en historia, economía, psiquiatría, derecho, sociología y filosofía, el matrimonio es "la unión personal, para toda la vida, entre un hombre y una mujer". Para el documento, que sería bueno que la Corte lo leyera, esta manera de entender el matrimonio no es simplemente religiosa, "sino que es fruto de una amplia experiencia y reflexión humana" que se apoya en las pruebas que aportan las diferentes ciencias sociales.
Naturalmente el cuerpo del hombre y la mujer están diseñados para la concepción, producto y fruto del amor conyugal que no es más que una entrega total, incondicional, voluntaria, libre y auténtica. Y si bien no se trata única y exclusivamente de un tema moral, bien vale la pena, en medio de tanto terrorismo de valores, traer a colación algunas referencias que hizo el beato Juan Pablo II en "La teología del cuerpo", serie de 129 catequesis dadas durante sus audiencias de los miércoles entre septiembre de 1979 y noviembre de 1984.
Allí Juan Pablo II expresa que "la diferencia-complementariedad entre el hombre y la mujer es el más básico ser el uno para el otro que existe a nivel de relaciones humanas, y hace posible el amor que llamamos sexual. En el ser humano el acto sexual se abre a la procreación como acto de amor. El amor de los progenitores se difunde en el amor hacia el hijo que viene procreado. El matrimonio es el único "lugar" existencial en que el ejercicio físico de la sexualidad alcanza su dignidad de amor, pues se integra en la donación mutua de toda la persona" (Familiaris Consortio n. 11). Y reafirma su idea cuando dice que "el único "lugar que hace posible esta donación total es el matrimonio, es decir, el pacto de amor conyugal o elección consciente y libre, con la que el hombre y la mujer aceptan la comunidad íntima de vida y amor".
Lo dicen las ciencias sociales y las humanidades. Ahora bien, me pregunto ¿cómo la Corte afirma que las "parejas homosexuales" constituyen o pueden llegar a constituir "familia"? Tocaría modificar todos los conceptos sociales, científicos, teológicos porque la Corte quiere dictar sentencia sobre algo para lo cual no está llamada y sobre lo cual no debería tener injerencia alguna. De acuerdo con Melendo, todo esto se trata de "tendencias y propuestas políticas carentes de un adecuado fundamento antropológico y ético."
Quiero aclarar que no tengo nada contra los homosexuales. Me parece que en su libertad tienen todo el derecho de escoger el camino que quieran. Como seres humanos y ciudadanos que son tienen derechos y deberes: salud, bienestar, participación, caridad y respeto, así como tienen que respetar a quienes pensamos diferente, aunque normalmente piden voz mientras censuran y atacan a quienes creemos que la verdadera revolución es la familia natural y única.
No puede la Corte acabar con las estructuras de las mayorías en "defensa" de unas minorías que tienen sus derechos establecidos por la Constitución Nacional. No puede la Corte Constitucional modificar una estructura humana y social en aras de buscar una supuesta igualdad y respeto. Así, según las decisiones de la Corte, además de la "Cátedra del aborto" los colegios, por ejemplo, deberían enseñar que existen dos tipos de familias: una conformada por un hombre y una mujer (la natural) y la otra conformada por personas del mismo sexo (la de la Corte Constitucional).
No señores de la Corte, así no es. Deben saber, porque evidentemente lo desconocen, que el matrimonio y la familia es una unión natural de amor incondicional de un hombre y una mujer. No una moda que se puede cambiar al vaivén de una mal entendida modernidad por parte de muchos, incluidos ustedes.
Punto aparte: Se acerca la Semana Santa. Momento de reflexión, encuentro y comunión en familia.
Tomado De
http://www.eltiempo.com/blogs/padres_del_hoy/2013/03/la-familia-imposible.php
Por Juan Camilo Díaz Bohorquez
Guarida de la libertad de pensamiento social, económico y político del Ecuador
jueves, 21 de marzo de 2013
miércoles, 6 de marzo de 2013
El nefasto legado de Hugo Chávez
Hugo Chávez podrá haber muerto, pero su legado de nacionalismo económico yautoritarismo político perdurarán en Venezuela por muchos años.
Es difícil determinar aún la magnitud de los daños. Venezuela, que otrora fue una de las pocas democracias —aunque imperfecta— en una región plagada de dictaduras militares, ahora se encuentra en el sótano de los principales indicadores latinoamericanos sobre calidad institucional y libertades políticas y civiles. Irónicamente, Chávez utilizó elecciones, plebiscitos y tecnicismos legales para destruir instituciones democráticas vitales, como la separación de poderes y la independencia de la prensa. Este modelo luego sería replicado en Ecuador, Bolivia y Nicaragua. Chávez lo llamó “Socialismo del Siglo XXI”, aunque sus principales características —liderazgo mesiánico, control estatal de industrias clave y represión política— se asemejan más al fascismo.
El tejido social de Venezuela requerirá de años, sino décadas, para recuperarse. De acuerdo a Transparencia Internacional, es la nación más corrupta de América Latina. También es uno de los países más violentos del mundo, con una impactante tasa de 73 homicidios por cada 100.000 habitantes.
Y es fácil vislumbrar cómo la situación podría empeorar aún más tras la muerte de Chávez. El gobierno ha armado y entrenado a por lo menos 25.000 milicianos cuyo objetivo último es “defender la revolución”. Ninguno de los potenciales sucesores de Chávez, empezando por el vicepresidente Nicolás Maduro, parece contar con la simpatía o la lealtad absoluta de estos chavistas fanáticos. Facciones bolivarianas radicales armadas con rifles de asalto rusos podrían perpetrar aún más violencia en los próximos meses, especialmente si la oposición se alzase con el triunfo en la elección presidencial adelantada. Lamentablemente, el profundo odio y desconfianza que ha dividido a la sociedad venezolana entre seguidores y opositores de Hugo Chávez permanecerá mucho después de su muerte.
La economía venezolana es una de las principales víctimas de Chávez. El último informe anual de Libertad Económica en el Mundo publicado por el Fraser Institute ubica a Venezuela como la economía menos libre de las 144 naciones analizadas. El país sufre de escasez crónica de electricidad y productos básicos. La inflación está entre las más altas del mundo. La infraestructura de Venezuela está literalmente cayéndose a pedazos luego de años de abandono, y su capacidad industrial y agrícola ha sido diezmada tras cientos de expropiaciones y nacionalizaciones. El país ahora importa el 70 por ciento de sus alimentos y el petróleo constituye un 95 por ciento de lo que recauda en exportaciones. El bolívar fuerte fue devaluado en un 32 por ciento hace unas semanas luego que una vorágine de gasto público antes de la elección presidencial de octubre dejara un enorme déficit fiscal del 8,5 por ciento del PIB. Y puede que eso no sea suficiente: el dólar se cotiza en el mercado negro a más de tres veces el valor del nuevo tipo de cambio oficial. Es decir, una devaluación todavía más significativa se ve venir en el futuro cercano.
Chávez no habría podido implementar su agenda populista si no hubiera sido por el petróleo, cuyos ingresos algunos estiman en $980.000 millones durante sus 14 años de gobierno. Alrededor de un tercio se gastó en programas sociales —esto explica su genuina popularidad entre los pobres. Pero el resto fue dilapidado en dudosas inversiones o se destinó a inflar las cuentas bancarias de una nueva clase privilegiada cuyos miembros ahora son conocidos como los “boligarcas” debido a la espectacular manera en que han prosperado gracias a la denominada revolución bolivariana. Decenas de miles de millones de dólares también fueron utilizados para impulsar sus ambiciones regionales, financiando partidos políticos, gobiernos e incluso guerrillas de extrema izquierda en América Latina.
Los estados cliente de Venezuela sufrirán en diferente grado la partida de Chávez. Sin su masivo subsidio petrolero y otros regalos que recibe de Venezuela —que equivalen a aproximadamente un 6 por ciento de su PIB— la extremadamente vulnerable economía deCuba podría hacer implosión. Ya que esto puede poner en riesgo la continuidad de la dictadura de los Castro, el gobierno de La Habana está jugando un papel decisivo en decidir quién reemplazará a Chávez y cómo se llevará a cabo la sucesión. Otros aliados regionales como Argentina, Nicaragua, Ecuador y Bolivia podrían también enfrentar recortes en asistencia económica, aunque no lo suficientemente significativos como para arriesgar la permanencia en el poder de sus respectivos líderes. Sin embargo, no hay duda que la importante amenaza que en su momento representó el populismo de izquierda en América Latina se verá disminuida por la ausencia de la billetera y el carisma de Chávez— y también por el evidente desastre que dejó tras su paso.
En el recuento final, la historia recordará a Hugo Chávez como un caudillo autoritario cuyas políticas retrocedieron el desarrollo y las instituciones venezolanas por décadas. Mientras más rápido Venezuela y América Latina pasen la página, mejor.
por Juan Carlos Hidalgo
Juan Carlos Hidalgo es Analista de Políticas Públicas para América Latina del Cato Institute.
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